24 de julio de 2011

CUIDATE.

Hay un momento en el que te sientes desconcertada, extraña, con una sensación que no conocías pero que te gusta. Te observas en el espejo y ves la felicidad a través de tus ojos, aquellos que durante tantos meses lloraron su pérdida. Te sientes radiante porque has conseguido superarlo, ahora ya solo importas. Has aprendido que el amor es necesario en tu vida pero él ya no.

Te sientes eufórica y con ganas de comerte el mundo, nadie sería capaz de contradecirte en un momento así. Derrochas fuerza, pasión, energía. Hoy eres lo más importante y no vas a dejar que nadie te diga lo contrario porque por fin te has levantado siendo tú. Alegre, juguetona, graciosa, divertida y cariñosa. Te preguntas donde ha estado escondido ese yo durante tantos meses y descubres como una persona puede llegar a tener la capacidad de anularte hasta tal punto que dejes de ser tu misma.

Te alegras de haberte recuperado y sonreís, tú y todos aquellos que caminan a tu lado, porque vuelves a ser tú. Trasmites seguridad y confianza en ti misma, vuelves a ser la persona fuerte y serena que encandilaba a todo el mundo con sus particulares discursos y su peculiar mal humor. Por suerte para ti, de todo se aprende y tu has aprendido que en el amor no todo vale.


Necesitas alguien que saque lo mejor de ti. Tres días de sonrisas a cambio de cinco días de lágrimas es caer en el conformismo, tú mereces mucho más.

3 de julio de 2011

Mind your step.

Despertarse y sentir un vacío, los primeros rayos de luz te deslumbran y sientes que los párpados se vuelven a cerrar solos. Te quedas entonces boca arriba, mirando al techo de tu habitación y pensando que es lo que te esperará hoy. Piensas en todo lo que tienes y en lo que ya no tendrás, en todo lo que has conseguido hasta ahora y en lo que se quedó por el camino. Confías en que las cosas vayan cada día a mejor.

Estás ahí, como cada mañana solo que hoy te cuesta más levantarte porque eres consciente de lo difícil que es pasar el día midiendo tus pasos, tratando de hacerlo lo mejor posible para que todos los demás, y sobre todo él, estén bien. Reprimirse no es la solución, pero tampoco lo es hacer todo aquello que te apetezca; puedes tratar de buscar el equilibrio, ese equilibrio que quizás nunca encuentres, o puedes simplemente dejar de desearlo y acabar con la represión.