Ni tus palabras, ni tus rabietas, ni tu forma de gritar. Echaré de menos tus miradas... tus sonrisas... sobre todo tus sonrisas. Esas con las que lo solucionas todo, la única capaz de hacer que mis enfados desaparezcan en segundos; esa bipolar que posé la capacidad de relajarme en situaciones de estrés y de hacer que mis latidos aumenten frenéticamente el ritmo en momentos determinados; la protectora, la que me dice: estoy aquí y no tienes que preocuparte por nada.
Tú no tienes ningún poder sobre mi, en cambio ella, tiene demasiado.
Solo necesitas una sonrisa y no podré decir que no.
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