7 de octubre de 2012

FALLAS

Un día sales a la calle y notas algo diferente, las calles están más alumbradas, de acera a acera cuelgan cientos de luces formando una figura que se repite a lo largo de toda la calle, sigues andando y te das cuenta que las calles están cortadas y en el lugar donde normalmente confluyen cientos de coches ahora se encuentra un gran monumento. El olor del humo de los tubos de escape a dado paso a un olor extraño pero familiar que recorre las calles de la ciudad. Durante tu paseo oyes un ruido atronador pero no te sobresaltas, de hecho nadie a tu alrededor parece inmutarse, piensas que probablemente si estuvieras en cualquier otro lugar del mundo ese ruido habría provocado sorpresa y miedo en los transeúntes, pero estas en VALENCIA y son FALLAS. 
Aquí, todo es diferente. 

Las luces adornan la ciudad, las fallas se adueñan de las calles, que los petardos retumben en nuestros oídos una y otra vez es ya, algo natural. Valencia se viste de gala, los valencianos salen a la calle para rendir homenaje a su cultura y a sus tradiciones, ha llegado por fin la semana que miles de habitantes de esta ciudad llevan esperando durante todo un año. Una semana de fiesta, de alegría, de ilusión y trabajo que ve su fin el día 19. 

Con la llegada de este día un ejercicio fallero llega a su fin, otro más. No habrán más mascletas, los monumentos, la fiesta y el olor a pólvora no volverán a inundar la calles hasta el año que viene. El efecto hipnótico del fuego nos mantiene paralizados durante casi una hora, expectantes y nerviosos como niños por saber si finalmente la falla caerá de un lado, del otro o por el contrario se quemará sin dejarnos disfrutar de ese momento. Luces, fuego y lagrimas dan paso a ilusión, trabajo y esfuerzo de comenzar un nuevo ejercicio. 

No diré que las fiestas de Valencia son mejores que las de ninguna otra ciudad, solo daré las gracias por poder disfrutar de algo así.


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