Susurros, caricias, secretos compartidos.
Miradas, sonrisas, momentos de añoranza.
Me siento a mirar el mar y siento el pelo en la cara movido por la suave brisa de un día de verano, y me descubro pensando en ti, en ti y en todo aquello que fuimos y nunca volveremos a ser. Creí haber olvidado por completo aquellos meses donde la pasión y la ilusión se mezclaban con el sufrimiento y donde nuestros sentimientos jugaban a ser Dios creyendo que podían con todo.
El error estuvo en creerlo olvidado, el pasado no se olvida porque son sus consecuencias las que determinan nuestro presente, no puedes sacar algo de tu vida sin más.
Siéntate frente al mar, respira hondo y aprende a vivir con ello.

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