Hay un momento en el que te sientes
desconcertada, extraña, con una sensación que no conocías pero que te gusta. Te observas en el espejo y ves la
felicidad a través de tus ojos, aquellos que durante tantos meses lloraron su pérdida. Te sientes
radiante porque has conseguido superarlo, ahora ya solo importas
tú. Has aprendido que el
amor es necesario en tu vida pero
él ya no.
Te sientes
eufórica y con ganas de comerte el mundo, nadie sería capaz de contradecirte en un momento así. Derrochas
fuerza, pasión, energía. Hoy eres lo más importante y no vas a dejar que nadie te diga lo contrario porque por fin te has levantado siendo tú.
Alegre, juguetona, graciosa, divertida y cariñosa. Te preguntas donde ha estado escondido ese yo durante tantos meses y descubres como una persona puede llegar a tener la capacidad de anularte hasta tal punto que dejes de ser tu misma.
Te alegras de haberte recuperado y
sonreís, tú y todos aquellos que caminan a tu lado, porque vuelves a ser tú. Trasmites
seguridad y confianza en ti misma, vuelves a ser la persona fuerte y serena que encandilaba a todo el mundo con sus particulares discursos y su peculiar mal humor. Por suerte para ti, de todo se aprende y tu has aprendido que
en el amor no todo vale.
Necesitas alguien que saque lo mejor de ti. Tres días de sonrisas a cambio de cinco días de lágrimas es caer en el conformismo, tú mereces mucho más.